La práctica se sostiene desde el trabajo colectivo y participativo; cada una de las personas involucradas en los distintos proyectos ha aportado de manera valiosa. Somos diversos y nos enriquecemos mediante alianzas de confianza y creatividad para cumplir metas comunes o aprendizajes personales. Los clientes se vuelven piezas fundamentales en nuestra labor; son lazos que aportan energía y determinación para alcanzar los objetivos. A los albañiles que trabajan con nosotros los consideramos los artífices de la arquitectura. El trabajo que realizamos tiene un alto nivel de ejercicio artesanal: ellos ponen sus manos, que contienen inteligencia, sabiduría y dominio del oficio. Todos nuestros colaboradores han realizado un «trabajo de hormiga», fortaleciendo los procesos.

Desde el inicio de nuestro ejercicio como arquitectos, supimos que debíamos enfrentar la profesión desde un involucramiento absoluto, posicionándonos en la construcción de manera más libre, alegre y responsable a través del trabajo manual. Hemos aprendido a trabajar con nuestras propias manos, generando distintos tipos de apropiación y sentido de pertenencia, entendiendo que podemos contribuir en la creación de nuestros espacios. Nos divertimos mientras construimos. Cuando somos más, somos más fuertes y amplificamos nuestra acción; con estas asociaciones podemos perseguir objetivos que, en apariencia, son más distantes.

Es así como se han formado grandes comunidades en torno al obrar, constituyendo un compromiso que confiere unidad y establece tanto el ámbito como el ritmo. Cada uno ha contribuido desde su individualidad, con sus conocimientos y experticia.

Con el tiempo, hemos sentido que si nos organizamos podemos hacer contribuciones tangibles para la ciudadanía, lo cual nos ha permitido plantearnos nuevos retos. Entendimos que, si concentramos la energía y nos ponemos de acuerdo con colegas, podemos lograr un cambio significativo para el barrio. En 2015 generamos un colectivo de colectivos llamado CUI (Colectivo Urbano Itinerante, 2015-2016), que consistía en la apropiación del espacio público a través de actividades. Se trabajó en dos barrios de la ciudad de Quito: La Tola y La Mariscal.

En 2016, ocurrió un terremoto en la costa ecuatoriana. La situación afectó profundamente a la ciudadanía, que buscaba ayudar de alguna manera. En ese momento ya estábamos organizados, lo que nos permitió actuar de forma espontánea. Nos juntamos con diversos grupos de arquitectos y establecimos una organización llamada Actuemos Ecuador; desde nuestra rama, aportamos granitos de arena a los pobladores de la costa.

Desde 2017, comprendimos la importancia de estar con quienes pueden generar cambios sociales en función del bien común. Por ello, creamos una plataforma llamada La República de la Excepción, en la que participan doce agrupaciones: gestores culturales, artistas, ambientalistas, arquitectos y diseñadores, entre otros. El proyecto emblema de esta organización es la petición de una casa en desuso a la municipalidad, con el fin de obtener espacios de trabajo a cambio de generar contenido ciudadano que contribuya a las distintas especialidades de los miembros del grupo.

En ocasiones, la misma arquitectura nos ha llevado a estrechar otros vínculos, como el trueque que establecimos en La Ortiga (2018-2019): el uso de los espacios de una casa a cambio de su rehabilitación. Provocamos el encuentro de personas de distintas especialidades: artistas, diseñadores, músicos, autodidactas y recicladores. Fue una experiencia enriquecedora; entendimos que la casa era un pretexto para estar en comunicación directa con la ciudadanía, el barrio y la ciudad. A través de esta estancia, la casa se convirtió en un ideario urbano con una amplia propuesta de utilización del espacio.

Estas y otras experiencias nos han fortalecido. Hemos cuestionado la manera en la que nos vinculamos con la sociedad, lo que nos ha permitido construirnos como una comunidad amplia. Entre diversas oficinas de Quito y el Ecuador compartimos este espíritu y nos reconocemos como un grupo extenso que se sostiene por una fuerza conjunta.