Leemos el territorio como una plataforma de intercambios, de asentamientos humanos y naturales que se puede medir, asimilar, palpar y vivir. Es esa única plataforma continua que sostiene y converge todo lo que está ocurriendo. Hablar sobre la “idea del todo” abruma; por eso, la información se digiere poco a poco. Entender las circunstancias fundamentales de nuestro lugar nos permitirá tomar mejores decisiones en nuestro accionar como modificadores de la realidad.
El territorio para nosotros siempre ha estado latente desde un pensamiento adyacente; ahora lo asimilamos como lo más importante de nuestra disciplina. Con el transcurrir del tiempo, hemos logrado realizar mejores lecturas de nuestra obra; a partir del territorio logramos obtener mejores respuestas. Estamos en un proceso continuo de “quitar la lupa” de la arquitectura para entender las complejidades de la realidad: sociales, culturales, históricas, ambientales y económicas. Día a día seguimos nutriéndonos y ampliando nuestros aprendizajes. La arquitectura ha sido el puente para entender otras problemáticas profundas y, a partir de ello, generar empatía; no solo entre los seres, sino con el lugar donde nos desarrollamos y sus interrelaciones.
Reconocer el lugar donde vivimos puede ser una tarea dura debido a la costumbre y lo cotidiano. La información está ahí; lo que se necesita es asentarla y sensibilizarse ante ella para que, sobre esa base, se pueda trabajar desde lo que el territorio reclama.
Como punto de partida, proponemos la absorción de los estímulos de la realidad a través de los sentidos. No hay una lógica establecida para este momento creativo; el cometido es cargarse de datos. Por ello, el proceso siempre puede ser distinto: cada ocasión es una oportunidad para generar metodologías estimulantes basadas en un pensamiento lúdico que nos otorgue autonomía para que la realidad sea, al mismo tiempo, inspiradora y desafiante.
Una de las formas clave de indagar ha sido la observación, ya que es un acto que realizamos a cada momento, incluso de forma inconsciente. Por este motivo, proponemos una expansión de la mirada: estar atentos, ver qué está ocurriendo, preguntarse, cuestionarse y conectar elementos. Planteamos relaciones dentro de un entorno complejo que ofrece un sinnúmero de alternativas; consideramos que todo se convierte en una oportunidad maravillosa.
Al principio, empleamos estas investigaciones visuales para reconocer distintos desechos urbanos presentes en cada rincón. Esto nos reveló oportunidades materiales que aprendimos a reciclar, ocupando materiales no convencionales y diversos provenientes del entorno urbano. Esta metodología también nos ha servido en obras de rehabilitación para entender y valorar las preexistencias: materialidades, el tiempo pasado, la historia, los hechos humanos, las acciones y los usos. Esto nos ha llevado a análisis minuciosos del lugar, evidenciando todas sus sutilezas. Hemos extendido estas indagaciones hasta alcanzar una escala de ciudad, captando la importancia de la vida en todas sus expresiones y concibiendo la trascendencia de los elementos que necesitamos para vivir.




